Estamos ante un thriller psicológico, en sentido literal y estricto; bueno, más estricto aún sería calificarla de “thriller psiquiátrico”, porque el narrador -inolvidable, por cierto, y, lo adelanto ya, uno de los grandes logros de la novela, para bien y para mal-, Alan Forrester, es psiquiatra, y mucho tiene que decir en la trama la ciencia psiquiátrica o, más estrictamente, la psicología de cada personaje y la indagación en sus mentes. Así es como llegamos a Freud. Freud o lo que de él quedó en la cultura de masas, pasado por el tamiz de Alfred Hitchcock, que ya en su Recuerda y en su Marnie, la ladrona nos enseñó, para siempre jamás, que uno sana al instante de sus traumas más profundos, de cualquier carácter y cualquier capacidad destructora, en el momento en que recuerda claramente el momento y origen de esos traumas. Así de fácil y así de limpio....
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